El “primer encuentro” real

© Rafael Dueñas

 

El “primer encuentro” real

En aquel entonces mi amigo y yo estudiábamos astronomía y astrofísica en el Instituto Tecnológico de Massachussets, por eso un día decidimos que era mejor hacer una propuesta de trabajo universal. Mi amigo me dijo que deberíamos ser los primeros en ofrecernos en hacer el viaje a ese planeta desconocido: el planeta Marte.

--Ya era tiempo que decidiéramos hacer ese viaje a ese planeta rojo – me dijo Menén Desleal.

--Sí, pero yo creía que el viaje tomaría menos tiempo que el que tomó para llegar a este planeta.

-- No te preocupes. Vamos a llegar a esa alfombra roja sin ningún problema.

Siempre teníamos conversaciones raras Menén Desleal y yo, pero aquella conversación ese día me dejó aturdido por el hecho de que yo no sabía nada sobre el planeta Marte.

Llegó el día de hacer el ansiado viaje al planeta rojo. Nosotros viajamos por el espacio por lo menos por un año. Nuestra nave estaba equipada con lo mejor de la tecnología terrenal, pero no era muy buena en ese entonces.

--Creo que ya hemos viajado por muchos meses –me dijo Menén Desleal.

-- Sí, por lo menos por un año –pensaba yo en ese momento.

-- Vamos a aterrizar en un par de horas y vamos a ver lo que hay en esa alfombra de color rojizo.

-- Espero que no existan “seres” raros en ese lugar porque me aterra el primer encuentro con lo desconocido.

La nave comenzó a descender a la superficie del planeta. Poco a poco los motores del cohete se apagaban, de repente dejando un silencio que era atroz y horrible. Entre polvos y gases que siempre salían de la nave con una gran suavidad, nuestro cohete se posó sobre la superficie rojiza de ese planeta que para nosotros hasta entonces era desconocido.

La puerta ese día se abrió con gran dificultad y lentitud. Al menos así me parecía a mí. Nosotros sabíamos que la gravedad allí no pesaba tanto como en nuestro planeta,tal vez eso tenía algo que ver que la puerta no se abrió rápidamente.

-- La puerta tomó mucho tiempo en abrirse –me dijo mi amigo.

-- Yo creía que estábamos en un planeta donde la gravedad sería menos fuerte.

Después de abrirse la puerta, vestidos con nuestros trajes de astronautas, salimos a la superficie de aquel planeta que siempre nos había deslumbrado.

-- Mira, la superficie no es roja como se ve desde nuestro planeta. En verdad no tiene ningún color. Lo que le da color es el resplandor del sol. Por eso no tenemos imágenes del planeta tomadas durante la noche: las fotografías que los astrónomos tomaron del planeta durante la noche salieron oscuras. Todas las fotografías tenían un color metálico.

Mi amigo y yo bajamos a tocar la superficie del planeta, pero de repente nos dimos cuenta de que estábamos en un planeta que estaba formado por un líquido metálico. Con gran facilidad nos miramos en el líquido. Nuestras imágenes se reflejaban en el líquido reproduciendo nuestros cuerpos.

-- El líquido hizo un duplicado de nuestros cuerpos tan fiel al real que no sabíamos si siempre habíamos existido en ese planeta metálico que conocíamos como Marte – me dijo Menén Desleal.

-- Jamás había visto tal comportamiento de un planeta –le dije a él.

-- Ahora el líquido comenzó a replicar los cuerpos de aquellas personas que nosotros conocíamos en la tierra.

-- Acabo de ver a tus padres que estaban parados allí mirándonos a los ojos, pero de pronto desaparecieron de donde estaban parados. Estaban viéndonos allá, en aquella colina de líquido.

-- El planeta está reproduciendo nuestros pensamientos y toda la gente que conocíamos en la tierra. El planeta sabe lo que estamos pensando. La pregunta que siempre teníamos sobre si el planeta tenía vida es cierta. El problema es que se apropia de nuestra identidad y está poblando su superficie con copias de nuestras experiencias.

-- Siempre había querido dejar una marca en nuestra historia pero nunca pensaba que iba a ser de esta manera.

-- Viajamos por mucho tiempo para darnos cuenta de que lo único que encontramos aquí es que los habitantes de este planeta somos nosotros mismos. Nosotros somos el planeta. Es como si el planeta no existe si nosotros no pensamos.

El planeta líquido comenzó a llenarse con personas que siempre se parecían a nosotros. El planeta también estaba haciendo copias de la gente que conocíamos en la tierra. De repente, pensé que era mejor parar de pensar.

-- ¿Crees qué debemos dejar de pensar? –le pregunté a Menén Desleal.

-- Si hacemos eso también nosotros dejaremos de existir. Nosotros somos lo que pensamos y lo que pensamos somos lo que nos imaginamos. Lo único real es aquello que nos imaginamos.

-- Mira allá. Nuestras copias están cobrando identidad. Se convierten en personajes con muchas cabezas, brazos, piernas y muchas partes del cuerpo.

-- El problema es que no sabemos si nosotros estamos pensándolos así o ellos están cobrando identidad.

-- Debemos volver a la nave y marcharnos de este planeta.

La nave había desaparecido del lugar donde estaba estacionada. Ahora nosotros, desde este planeta metálico, estamos planeando un viaje a la tierra. Hace unos años fundamos la facultad de estudios terrológicos y desde entonces nosotros somos los profesores que enseñamos en ese departamento. Somos los líderes de nuestra propia generación. Lo horrible era que también Menén Desleal y yo comenzábamos a parecernos uno al otro. No sé si yo soy él o viceversa. De cualquier forma, lo único real era que el planeta Marte siempre estaba vivo y los únicos que estábamos muertos éramos nosotros.