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“La narración y la diáspora como ejes del discurso ©
Eduardo Barros-Grela
“ I wonder how Mom could be Abuela Celia’s daughter. “ Las relaciones estructurales de los textos consigo mismos
La primera lectura que ofrece esta obra se asocia formalmente con los principios narratológicos de aplicación directa en la ficción modernista escrita en inglés de principios del siglo XX. Arropándose en la manera en que Virginia Woolf y William Faulkner habían ofrecido una secuencia de imágenes de la misma realidad que variaba de acuerdo con el punto de vista de quien hacía la aproximación, Cristina García produce en esta obra una estructura similar. A través de sus personajes ofrece al lector una múltiple imagen imposible de evadir. Una síntesis –con pretensiones de ser objetiva- de la historia de una familia que ha sido segada por la Historia. Una suma tangencial de visiones de hechos aislados que buscan configurar una destrucción de su misma trama vivida. Hubiese sido la nueva muerte del narrador omnisciente (como ya se había producido con los autores anteriormente mencionados). Sin embargo, cuando al final de la obra el lector se da cuenta de que el peso de la narración recae sobre uno de los personajes de la propia ficción, la trama discursiva adquiere una nueva dimensión que refleja de manera implícita el que es uno de los temas principales de la representación ficcional. La fragmentación fronteriza y generacional en la historia de la familia de Pilar Puente (narrador omnisciente y narrador subjetivo) encuentra un punto en común que le hace ser negación de sí misma: Cuba. Yendo por partes, en lo que es el plano temático de la obra de Cristina García existen diversas circunstancias que implican razonamientos a la enunciación citada con anterioridad con respecto a la negación de la propia fragmentación. Por una parte está la propia condición de cada uno de los tres personajes principales de la obra: Pilar representa el modelo de miembro de una etnia minoritaria en un país que no se corresponde con el de su tradición genealógica; el paso previo a este “status” lo llora Lourdes, madre de Pilar, como arquetipo del exiliado explícito resultante del proceso de diáspora cubana a partir del año 1959. Con ella –y en ella- se representa de modo más traumático la realidad histórica del emigrante caribeño de las décadas de los años 50 y 60 hacia los Estados Unidos. Su condición de nómada geográfica se ve dilapidada por una losa de estaticidad e inmutabilidad existencial que la sepulta. Una de las componentes del grupo artístico chicano “ASCO” -salvando las distancias- resumía, en inglés, este sentimiento de manera muy convincente: “I do not exist anywhere”. Antes de entrar en profundidad con cada uno de estos personajes, sin embargo, y con lo que ellos representan desde el punto de vista narratológico, es necesario introducir a la representante en el ámbito ficcional de la generación que “optó” por no desplazarse físicamente de su lugar de nacimiento y vida después del acontecimiento político y social que tuvo lugar en la crucial fecha anteriormente señalada en Cuba. Se trata de Celia. Siendo el más versátil y mejor explicado de los personajes del libro, Celia experimenta un desplazamiento interior, no se podría decir si lo suficientemente intenso como para considerarlo “exilio interior”, causado por el distanciamiento insalvable de los seres que le son queridos. La suya es una dislocación interior causada por la separación física de su familia y de su amante. Son éstos los fantasmas de su pasado, que se presentan ante el lector con una falta absoluta de presencia física para implicar una manipulación ficcional. Esta manipulación se traspasa de la mente de la Celia en estado climático sensacional que dibuja la imagen de su marido amalgamada con la del Sol que embaraza el horizonte marítimo, a la mente del lector que, envuelto en rupturas continuas del pacto de ficcionalidad, duda en el momento de procesar mentalmente la existencia de los personajes que sobrevuelan a Celia. La concepción de realidad del lector se ve desestabilizada, de la misma manera que le sucederá cuando se encuentre a sí mismo leyendo con absoluta credulidad las conversaciones entre Lourdes y su padre fallecido por las calles de Brooklyn: “Imagination, like memory, can transform lies to truths.” (Felicia, página 88). Se pueden observar, pues, tres generaciones de la misma familia apareciendo victimizadas ante las sociedades que las constriñen. Ese es su rasgo común; su punto de inflexión; su grado de ebullición. Un rasgo diferenciador atañe a la concepción interior de la realidad y la presencia de Cuba en todas ellas. La intención fronteriza que envuelve a la narrativa de esta autora (perteneciente a su vez al modelo étnico que representa Pilar, y por lo que esta obra es considerada como una de las autobiografías ficcionales más logradas de la Literatura Latina, junto a la de Torres y Medina (según apunta Álvarez- Borland), se ilustra en la doble negatividad de Cuba como personaje influyente en las acciones y actitudes de cada uno de los personajes. Comenzando ahora por Celia y su manera de comprender la diáspora que hizo crucial en su vida, se entiende en ella Cuba a través de un sentimiento de unión y compromiso a medio camino entre social y existencial, pero también a través de una óptica de resentimiento por ser la isla partícipe en el alejamiento de los seres que conformaban su vida. Indudablemente, este sentimiento de rechazo es cuantitativamente menor que el sentimiento de unión e identificación con esta nación, de la misma manera que le sucede al personaje que, durante una buena parte de la obra, está en comunicación directa con ella a través de procedimientos telepáticos: Pilar. Pilar es la representación de un modelo de joven insatisfecha, de una persona no identificada con nada más que con lo que desconoce, o con lo que re-conoce a través de experiencias cognitivas no identificables con una realidad que se antoja imposible en el discurso de la narración. Pilar necesita conocer Cuba, necesita reconocer a su abuela siguiendo un proceso mental de negación. Lo que la lleva a esa búsqueda obsesiva de su yo concretizado en un lugar físico no es tanto la atracción hacia aquella nación o hacia aquella mujer (su abuela), sino el rechazo contradictorio de su propia condición alienada, tanto geográfica como familiarmente. No obstante, también guarda esa condición progresiva, dinámica y recíproca de hallarse entre un lugar y el otro. Sus sentimientos bidireccionales y opuestos hacia Cuba se ven también perjudicados, y de nuevo de tal manera que se definen a sí mismos como la causa mayor de la actual condición formativa de Pilar. El tercer caso lo representa Lourdes. Lourdes es diferente a las otras dos mujeres con función de eje en esta historia. “… Lourdes , as a representative of the exile generation… is ridiculed in the text. Her politics are wrong… the language she speaks cannot be understood by the Cubans in Cuba .” (Álvarez-Borland). Si en los otros dos personajes era mucho más fácilmente visible la mayor identificación con Cuba, en el caso de Lourdes, los sentimientos demostrados hacia su país de origen tienen mucho más de negativo que de positivo. Albergando rasgos de un ser completamente funcional y práctico, el sentimiento de odio de esta mujer hacia Cuba incrementa a medida que su situación en el nuevo país que la acoge continúa mejorando. A pesar de demostrar una progresión en su intento por entender Cuba de una manera positiva, de entender a Pilar de una forma paralela, Lourdes demuestra en cada entrada del diario de Pilar que, a diferencia de los otros dos personajes, la suya no ha sido un desarrollo de aceptación de y en las dos culturas a las que está expuesta. Simplemente ha optado por rechazar una de ellas e integrarse definitivamente en la otra, independientemente de si en esa otra sociedad que ella está creando se le acepta o no como miembro constituyente. Las fronteras que Celia y Pilar han conseguido diluir, se han hecho insalvables para Lourdes. Cuando Cristina García escribe que “…the language she speaks cannot be understood by Cubans in Cuba.”, no sólo se refiere a que no pueden entender una lengua explícita; también hace referencia al desfase que se ha creado en Lourdes en torno al mismo lenguaje. Esto recuerda lo que Vera- León dice con respecto a la lengua hablada en el entorno Latino: habla de “la tensión irresuelta entre la escritura y la voz”, y parece que los personajes de esta obra se ajustan a su descripción al intentar abordar esa resistencia y resolverla desde la propia complicación de ambos conceptos. Lourdes no ha sido capaz, a diferencia de Pilar, de trascender las lenguas y reinventar su propio lenguaje sintetizador, una manera de comunicarse que no cierre puertas a su pasado y que se haga oír en Miami, centro neurálgico del nuevo tipo de identidad que este personaje encarna. Como puede ser inferido de lo escrito hasta ahora, la problemática que se plantea en este libro tiene que ver con la idea posmoderna de romper el discurso racionalista imperante y describir así la época que se está viviendo en el momento en que se narra la historia, deconstruyendo la vía racional de asumirla. Para ello, Cristina García acude al lenguaje como modo de mostrar la fragmentación y el pluralismo que afectan a los personajes que han estado siendo estudiados aquí. Por una parte, se puede observar en el personaje de Lourdes la ruptura ideológica con lo que la concepción de pluralismo puede connotar. Su realidad inminente se basa en el sistema binario de lo uno o lo otro. No concibe siquiera la posibilidad de una cultura en relación recíproca con otra, ni la posibilidad de una intersección digna. Cree en el abandono absoluto de una cultura como medio para integrarse en otra. Todo lo contrario lo hace su hija Pilar, que es el perfecto ejemplo del resultado de esa conjunción que su madre rechaza. En un momento de la trama Pilar comienza una aventura amorosa con un joven latino. La reacción de su madre es la de intentar alejarla de ese chico y de lo que representa, ya que un vínculo de ese tipo representaría un serio revés en su tan ansiada norteamericanización. La realidad social de Pilar con respecto a esto es, realmente, diferente a la de su madre. Su lengua habitual es el inglés, y sin embargo afirma que “We speak in Spanish when we make love. English seems an impossible language for intimacy.” (180). Esta es una muestra muy clara de la unión de ambas culturas dentro del individuo, ya que el lenguaje adquiere en esta etapa de la integración cultural una magnitud meramente funcional, un uso no diglósico; un uso instrumental. Volviendo, pues, al título de este ensayo, cabe preguntarse en qué punto los recursos narrativos pueden ser interpretados como ejemplificaciones de la aproximación que se hace a lo largo de la obra al concepto de diáspora y a sus consecuencias, tal y como se ha venido discutiendo hasta ahora. La estructura narratológica, como ya se ha anticipado, se resuelve al final de la trama cuando el lector descubre que tanto las cartas de Celia como el resto de la narración que conforma el diario de Pilar tienen como ente dominante, como narrador omnisciente, a la voz de la propia Pilar. Ya que en algunos momentos de la obra la narradora cede su voz a diversos personajes, se puede hablar de una intervención a través del estilo indirecto libre. Tiene esta estructura diegética, sin embargo, numerosos detalles en su composición que provocan un cambio en su propia identidad. La omnisciencia narratológica choca contra su propia condición en dos momentos clave: por un lado, en el momento de la incorporación de las cartas no enviadas con las que Celia obsequia a Pilar para completar así su ansia de identidad. En estas cartas se puede observar una utilización lingüística que sigue las prerrogativas impuestas por el propio lenguaje utilizado por Pilar. La condición subjetivizadora entra aquí en juego, ya que si Pilar ha utilizado un filtro lingüístico para transcribir las cartas de su abuela (ha escrito una traducción al inglés pero ha dejado determinadas palabras en español), es inevitable que haya utilizado también un filtro conceptual o temático. Véanse por ejemplo cuáles son las palabras que Pilar ha dejado sin traducir en esas cartas: “Mi amor”, “querido”, “Mi Gustavo”, “tu Celia”. No hay más. Las que quedan en español están así porque son intraducibles: “guayabita del pinar”, “santería”, etc. Todas estas palabras que se han mantenido en la traducción (asumiendo que estas cartas sean una traducción hecha por Pilar, ya que parece poco probable que Celia le escribiese a su amante español en inglés) están relacionadas, de una manera u otra, con el amor; de la misma manera que Pilar había dicho a través de su propia voz que el lenguaje amoroso era mucho más preciso en español que en inglés. Este hecho puede significar que la conexión mental que unía a estas dos personas hubiese facilitado este entendimiento por un lado o, tal vez la opción más probable, que Pilar esté aplicando en la transcripción de las cartas de su abuela rasgos de cómo a ella le habría gustado que Celia hubiese sido, o simplemente cómo ella se la imaginaba: “…so tell me how you want to be remembered…I can paint you anyway you like” (Pilar a Celia, 232). Este rasgo tiene una gran utilidad para explicar la manera en la que el lenguaje, a través de la narración de la historia, es utilizado para llevar al lector al entendimiento de la necesidad de un aglutinamiento cultural en la vida del “sujeto étnico”. Cómo la presencia de ambas culturas se hace patente para que la personalidad del individuo (y a raíz de esto, del grupo) pueda completarse. El otro momento de la narración en el que la omnisciencia parece perder la integridad de su condición es en los procesos narrativos en los que la voz del narrador general coincide con la primera persona de uno de los narradores intradiegéticos, es decir, con Pilar. Esta técnica es utilizada por la autora para referirse a momentos del presente de la narradora general frente al pasado de los hechos que cuenta en tercera persona, en un intento de establecer vínculos entre las causas del pasado y las consecuencias del presente. Con esta conjunción de las dos formas narrativas que provienen de la misma voz, pero desde diferentes niveles, se crea una doble identidad en la que el narrador extradiegético se ausenta de la interpretación narrativa de la entidad intradiegética, cediéndole completamente el poder discursivo. Es éste, no obstante, un recurso formal tremendamente válido para las intenciones de la autora en el ámbito temático. Como Alvarez- Borland sugiere, “the double consciousness of being both narrator of and participant in her own story has enabled her to find that part of her own identity she knew was missing.” Se podría concluir, pues, afirmando que la hibridez narratológica creada por Cristina García en su obra Dreaming in Cuban, es una representación a nivel formal de la misma hibridez entendida como heterogeneidad o transculturación que trata de explicar a través de su personaje Pilar como representación del momento cubano-americano perteneciente a la novela como etnia minoritaria. “I am still waiting for my life to begin” (Pilar, 179). NOTAS Aunque este personaje es mucho más complejo y sería importante clarificar la distinción entre lo que ella se considera y lo que la sociedad norteamericana la considera. En este sentido, la entidad externa de narración entendería a Pilar tal y como acaba de ser descrita, mientras que el narrador subjetivo que es Pilar se entendería a sí misma como una nueva ciudadana en una nueva sociedad.
ÁLVAREZ- BORLAND, Isabel: “Displacements and Autobiography in Cuban- American Fiction”. World Literature Today: A Literary Quarterly of the University of Oklahoma . . 68, 1. Páginas 43- 48. 1994 CACHAN, Manuel: “Bailando salsa con El Súper en Harlem: el testimonio caribeño de El Barrio”. Explicación de Textos Literarios, Sacramento, California. Artículo 23, n o 1, 1994- 1995. Páginas 57-63. GARCIA, Cristina: Dreaming in Cuban. Ballantine Books, New York . 1992. HIRSCH, David H.: The Deconstruction of Literature. Brown University Press, Londres. 1991. HOSPITAL, Carolina: “Los hijos del exilio cubano y su literatura”. Explicación de Textos Literarios. Sacramento, California. Vol 15, no 2, 1986- 1987. Páginas 103- 114. VÁSQUEZ, Mary S.: “ Cuba as text and context in Cristina Garcia’s Dreaming in Cuban.”Bilingual Review/ La Revista Bilingüe. 1995 |
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